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LAS JOYAS DEL REINO DE ASTURIAS

Las joyas del Reino de Asturias: Cruz de la Victoria, cruz de los Ángeles y caja de las ágatas

Las joyas del Reino de Asturias son tesoros de esta tierra, entre el mar y la montaña, que cada mes de Septiembre se inunda de celebraciones para festejar su historia, su cultura y sus tradiciones.

Un aspecto de esta historia que merece especial atención, son las joyas que han perdurado a lo largo de los siglos, como testigos silenciosos de la grandeza de Asturias.

Las joyas del Reino de Asturias, son piezas que encarnan la esencia misma de esta tierra, desde el siglo VIII. Cada una de ellas cuenta una historia única y valiosa, que se entrelaza con la historia de este antiguo reino, y sus habitantes.

De entre todos los tesoros de esa época, son tres las joyas que destacan singularmente: la cruz de la Victoria, la cruz de los Ángeles y la caja de las ágatas, que se custodian en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo, construida para tal fin por el rey asturiano Alfonso II el Casto.

La más antigua de estas joyas es la Cruz de Los Ángeles, llamada así porque su belleza sin igual dió origen a una leyenda, recogida en la obra del obispo Lucas de Tuy, que dice que “deseando el rey Alfonso II el Casto donar una cruz de oro y piedras preciosas a la iglesia de San Salvador de Oviedo, encargó su factura a dos orfebres peregrinos que pasaron por la ciudad, a quienes dió el oro y piedras preciosas para trabajarla, así como una casa como taller. No estando el rey muy convencido de la valía de estos peregrinos, encargó a unos de sus guardias ir a comprobarlo y éstos, al llegar al taller donde trabajaban observaron un resplandor que les impidió ver su interior y corrieron a comunicárselo al rey que se acercó a la casa encontrándola vacía pero con una bella cruz de oro y piedras preciosas que brillaba con gran intensidad”. Por ello, se la representa con dos ángeles, uno a cada lado del pie.

Es una cruz de estilo griego, con sus cuatro brazos casi idénticos, en cada uno de los cuales hay una cajita de tapa corredera, para albergar reliquias.

El anverso de la cruz, se adorna con labores de filigrana y distintas piedras de color, talladas en forma de cabujón, siendo algunas camafeos de época romana reutilizados, representando a la diosa Atenea, otro a Eneas abandonando Troya, otro una joven campesina romana y otro una cabeza de cabra con cuerpo de serpiente. La piedra del disco central es un granate en talla cabujón.

El reverso de la cruz, cuenta con un camafeo romano de ágata en su disco central, rodeado por perlas y pedrería, y en cada extremo de los brazos hay una gema, rodeada por pequeñas piedras.

Asimismo, en los brazos se puede leer una inscripción en letras de oro que dice así: “Permanezca en honor de Dios ésto, realizado con complacencia. Alfonso, humilde siervo de Dios, lo ofrenda. Cualquiera que presumiere llevarme fuera de donde mi buena voluntad la dedicó, perezca espontáneamente con el rayo divino. Esta obra se concluyó en la era 846 (año 808). Con este signo es protegido el piadoso. Con este signo es vencido el enemigo”.

La cruz de la Victoria es también una cruz relicario pero de estilo latino, en cuyo disco central existe un compartimento en el que antiguos escritos afirman que se guardó un fragmento del Lignum Crucis. Cuenta la leyenda que su alma no es otra que la cruz de roble que Pelayo, primer rey de Asturias y por tanto de España, enarboló en la batalla de Covadonga contra el Islam, en el 718. El rey Alfonso III el Magno,  mandó cubrirla de oro, esmaltes y piedras preciosas, para donarla a la naciente catedral de Oviedo, en el 908.

Se trata de una pieza de gran tamaño, midiendo 92 cm. de alto por 72 cm. de ancho, siendo el diámetro de su disco central de 14 cm. Para recubrirla se utilizaron más de 5 kilos de oro, así como preciosos esmaltes y gemas de diferentes tallas y colores.

En el reverso hay engastadas piedras en forma de cabujón y los clavos que fijan la lámina de oro a la cruz de madera, están cubiertos con florecillas, esferitas y formas amigdaloides soldadas. Además, se puede leer la siguiente inscripción en letras de oro: “Permanezca esto coplacientemente en honor de Dios, que ofrecen los servidores de Cristo Alfonso príncipe y Jimena reina. Quienquiera que arrebatase este don nuestro perezca por el rayo divino. Esta obra se terminó y concedió a San Salvador ovetense. Este signo protege al piadoso. Este signo vence al enemigo. Esta cruz se se fabricó en el castillo de Gauzón  el año 42 de nuestro reinado, transcurriendo la era 946” (año 908).

Por último la Caja de las Ágatas, donada a la catedral de Oviedo por el infante Fruela y su madre, la reina Jimena, esposa del rey Alfonso III el Magno, en el año 910.

Es una caja de madera de cerezo, recubierta de láminas de oro repujadas con motivos florales, excepto la base que es de plata maciza. Estas láminas de oro, tienen ágatas listadas, que son las que le dan nombre. Los laterales de la caja se dividen en dos niveles cuya decoración combina distintas gemas con cenefas repujadas.

La placa colocada horizontalmente sobre la tapa es más antigua que el resto, barajándose la posibilidad de que haya sido un cinturón franco del siglo VIII o  un broche relicario de estilo carolingio labrado entre el siglo VIII y el siglo IX. Esta placa aparecía adornada por 655 granates, 4 perlas, 12 esmaltes y 13 cabujones, habiéndose perdido parte de todo ello con el correr de los tiempos. Los esmaltes policromados que se aprecian representan dragones, árboles, pájaros, peces, cuadrúpedos y reptiles.

En la base de plata del arca aparece grabado el Tetramorfos, los cuatro símbolos de los evangelistas, rodeando la Cruz de la Victoria y se puede leer la siguiente inscripción: “Permanezca esto complacientemente realizado en honor de Dios, que ofrecen los servidores de Cristo Fruela y Nunilo por sobrenombre Jimena. Esta obra se realizó y se concedió a San Salvador ovetense, quienquiera que pretendiera arrebatar este don nuestro perezca por el rayo divino. Se fabricó en la Era 948 (año 910).

Tanto la cruz de Los Ángeles, símbolo de la ciudad de Oviedo, como la cruz de La Victoria, son joyas que se siguen reproduciendo en la actualidad, por los joyeros de la región. También en nuestra joyería hacemos la interpretación de estas maravillosas Joyas del Reino de Asturias. Comparto aquí algunas, esperando que gusten.